El pensamiento pedagógico moderno
Una vez finalizada la Edad Media que, como hemos visto, estaba plena de humanismo mucho antes del Renacimiento y después del humanismo renacentista que en realidad sólo se configuró como una copia mal hecha del pasado grecolatino (recordemos que copiaron la «Grecia blanca» y nos dieron esa idea de blancura que era inexistente en la Grecia y Roma clásicas) llegan los inicios de la modernidad y, con ello, se inicia el proceso de deshumanización de la Educación.
El ser humano como tal, en su particularidad, con sus vivencias subjetivas y su necesidad de sentido, deja de ser la preocupación principal de la modernidad. La educación empieza a objetivarse. El saber ya no se busca con la finalidad de ayudar al ser humano a tomar mejores decisiones en su vida, con el fin de perfeccionar esa capacidad que nos hace únicos que es la razón, ya no se busca saber para ser bueno (como pensaba Platón). Ahora, la nueva perspectiva moderna busca el saber como poder, como poder sobre la naturaleza y, por supuesto, como poder sobre otros hombres. Surgen las ciencias modernas, que no debe confundirse con la aparición de las ciencias sin más. El término «ciencia moderna» implica una nueva manera de pensar el pensamiento, de concebir el conocimiento: una ciencia con fines prácticos, útiles, al servicio del hombre. Ya no es, pues, el hombre el que está al servicio de la naturaleza, sino es la naturaleza la que está al servicio del hombre. El ser humano busca conocer no porque esto sea un fin en sí mismo, sino porque el conocimiento le permitirá operar mejor sobre la naturaleza, transformarla, modificarla a voluntad, sacar provecho económico de ella.
En la modernidad opera una transformación del modo de ver teleológico (los hechos tienen un fin) a un modo de ver explicativo (los hechos tienen una razón de ser). Esta modificación ayudó a concebir, que no «descubrir», leyes que permiten describir mejor los fenómenos. Es erróneo pensar que las leyes de la naturaleza se descubren. Las leyes no están en la naturaleza, son construcciones humanas que describen en un lenguaje formal lo que acontece en el mundo. Pero ni siquiera es verdad que digan lo que acontece en el mundo. Es también falso creer que las leyes de la naturaleza hablan de fenómenos naturales, hablan del mundo humano, demasiado humano, que es el mundo de los conceptos, de las representaciones matemáticas, por eso las matemáticas se establecen como el paradigma de todas las demás ciencias. Por ejemplo, pensemos en la fórmula newtoniana que relaciona masa, fuerza y aceleración. ¿De qué objeto habla?, ¿de qué cuerpo especifico se trata? De ninguno, habla de una relación abstracta que sólo se da en la cabeza de los seres humanos y con la cual podemos acercarnos al mundo, pero no son reflejo del mundo. En la física, los cuerpos caen con una aceleración de 9.81 m/s2, pero en la realidad ningún objeto cae con esa aceleración, hay demasiados factores que intervienen en su caída (fricción, densidad del aire, etc.). Por lo que, si bien es verdad que las ciencias ayudan a explicar la realidad, no hablan nunca de la Realidad.
Este es el proceso de objetivación de la ciencia. Es decir, ya no importa el sujeto real y concreto, ese que siente hambre, que tiene sueño, que está cansado, que sufre, que goza, que ríe, etc. Sólo importa lo que es objetivo, lo que no causa risa ni pena, lo que no causa dolor ni alegría. La ciencia se deshumaniza y con ello, la educación también.
Empieza aquí, entonces, lo que Morín llama la ceguera de la ciencia. En la antigüedad y durante la Edad Media, la Filosofía era prácticamente la única ciencia, porque se trataba de comprender la Realidad como un todo interrelacionado y conectado. Las ciencias modernas empezaron a parcelar el conocimiento con lo cual la educación también terminó por departamentalizarse.
Además, las ciencias modernas traen otras consecuencias. Durante la Época Clásica y la Edad Media, se reconocía la incapacidad de los seres humanos de conocerlo todo. Durante la modernidad surge la idea de que podemos saberlo todo y, junto con ello, surge un nuevo imperio que se torna hegemónico: el imperio de la verdad científica y objetiva. Como antes se sabía que no podíamos saberlo todo, había que discutir, había que plantear hipótesis, comentarlas a los colegas, refutarlas, reelaborarlas y fortalecerlas o rechazarlas. Pero con la verdad científica esto no pasa. Ahora, en la modernidad, la verdad tiene que ser una sola para todos, válida en todo momento y lugar, como las verdades matemáticas. Ya vimos como con Carlo Magno y con los Jesuitas, se trató de luchar contra aquellos que no creían lo mismo que nosotros por medio del pensamiento, esto se debe a la forma de concebir el conocimiento en aquél entonces. Ahora, con la ciencia, nadie tiene derecho a opinar distinto, porque la ciencia es una para todos. Y luego nos quieren hacer creer que esto fue un avance sobre la hegemonía cristiana, cuando en realidad sólo cambiamos de tirano. Si la Iglesia Católica pensó en que había sólo una verdad para todos, la ciencia moderna no dejó de hacer lo mismo.
Por su parte, Bacon retoma de Aristóteles otro de los modelos de investigación planteados por él: la inducción. Es falso decir que en la modernidad se inventa la inducción. Esta ha sido conocida desde antiguo, pero también se conocen sus límites como forma para encontrar certeza. La inducción, como ya mostraba Aristóteles y siglos después Russel, tiene un límite epistemológico muy fuerte: no importa el número de casos que yo analice, siempre existe la posibilidad de que el siguiente caso falle la hipótesis. Por eso durante mucho tiempo se prefirió el pensamiento deductivo. Sin embargo, es también falso creer que era el único modelo de pensamiento durante la Edad Media. Desde Aristóteles sabemos muy claramente que hay temas en los cuales no se puede discernir con claridad, en los cuales los límites del conocimiento científico son claros: asuntos de política, ética, religión, etc., no son nunca certeros. No se pueden sacar conclusiones absolutamente certeras. Es por ello que se recurrió siempre a la Retórica, un tipo de pensamiento que trataba sobre asuntos contingentes, poco claros.
La ciencia moderna pretende imponerse como un modo de racionalidad que no admite la contingencia y, por ende, trata (y hasta la fecha lo hace) de encontrar verdades absolutas incluso en temas de naturaleza controversial (aborto, eutanasia, matrimonios gay, etc.). Como si la ciencia pudiese resolver estos asuntos. Son temas en los que gobierna la incertidumbre y la vaguedad y por ello requieren de la Retórica. La ciencia moderna se trató de imponer como una forma capaz de resolver estos problemas que están mucho más allá de su jurisdicción.
Sin embargo, aún se mantiene algo del racionalismo clásico-medieval-renacentista en la figura de Descartes.
Es falso decir que las ciencias modernas son empiristas o inductivas. En realidad, son también tremendamente racionalistas. Por ejemplo las matemáticas, que son modelo de la física. No es verdad que hayamos pasado de un modelo deductivo a uno inductivo, pues gente como Descartes se encargaron de darle nuevos ánimos a la deducción. De hecho, en la ciencia moderna predomina el racionalismo. La mayoría de los experimentos en la actualidad no buscan conocer la realidad a partir de la nada, sino que buscan comprobar una hipótesis y eso significa que hay una teoría primero que después se comprueba, es decir, que primero se establece idealmente un mundo y después se cuestiona a la Realidad para ver si ese mundo teórico es consistente. Por supuesto, una vez que el modelo teórico es claro, la forma de preguntar a la realidad está determinado por él y, por ende, es obvio que las respuestas que da el mundo están relacionadas con esa teoría (aún y cuando sea para refutar una hipótesis).
También es falso decir que la educación en la modernidad preparaba para la vida, mientras que en la Edad Media no lo hacía. En la Edad Media, Antigua y en toda otra etapa, la educación preparaba para la vida. Lo que se modifica es lo que se entiende «preparar para la vida». Si por preparar para la vida significa formar la personalidad humana, desarrollar las facultades más elevadas del ser humano (las que nos distinguen del resto de los animales: el lenguaje y el pensamiento) y ayudar a las personas a tomar mejores decisiones en su vida entonces la educación humanista de los Griegos, Romanos, Chinos, Indios y medievales era una educación útil para la vida. Pero si se entiende por «preparar para la vida» enseñar cómo sacar el mejor provecho económico de las cosas, cómo utilizar los recursos de manera eficiente, cómo olivarse que somos parte de la naturaleza y pensar que la naturaleza está a nuestro servicio, cómo concebir al mundo como objeto e insumo que podemos consumir y utilizar a voluntad, entonces efectivamente sólo la educación moderna prepara para la vida.
Entre los educadores de este momento tenemos a Jan Amos Comenio, el primero en proponer un modelo de educación «objetivista» que se olvida de las diferencias de los seres humanos, olvidando con ello que son seres concretos y con emociones y sentimientos propios, y plantea un modelo universal de educación que en realidad sólo sirve para educar seres igualmente abstractos, inexistentes. Además, por lo mismo, se trata del primer modelo plenamente hegemónico, es decir, que busca imponerse por igual a todos, sin importar su cultura, historia, tradición, intereses, etc., suponiendo que todos los seres humanos tienen las mismas facultades, intereses, gustos, aversiones, etc., lo cual, como es claro hoy en día y lo ha sido siempre, es falso.
En Comenio encontramos algunas curiosidades pedagógicas. Por ejemplo, una idea muy difundida entre algunos antecesores y contemporáneos es que debe enseñarse primero a comprender la naturaleza y después el lenguaje. Sin embargo, desde la época de los Griegos, durante la Edad Media y en la actualidad se sabe que eso es imposible. Sabemos que sólo nos acercamos al mundo a través del lenguaje. Esto lo sabía la Retórica Clásica, la Hermenéutica y las modernas ciencias cognitivas. El objeto por sí mismo no existe, este es uno de los prejuicios y dogmas del empirismo moderno. El objeto sólo existe en tanto que tiene nombre y los nombres no son el reflejo de las cosas, el nombre es la cosa, es lo que constituye la cosa. Nietzsche lo expresa de esta manera: ¿qué es lo que distingue a un gusano de una víbora? Un acto arbitrario que elige considerar ciertas cosas (como el tamaño) y eliminar otras, porque al fin ambos son simplemente cosas que reptan por el piso.
En ese sentido, es claro que Comenio se equivoca, error que nos ha costado en la actualidad una incapacidad de los estudiantes para definir con claridad sus conceptos.
De igual manera, Comenio propone organizar las escuelas de tal manera que los estudiantes se ocupen de una sola materia a la vez. Esto es otra cuestión cuyas consecuencias en la actualidad son esa ceguera de la ciencia de la que ya hablaba Morín. Descartes ya había propuesto que las cosas complicadas se dividieran en otras más fáciles. Sin embargo, lo que parece que todos olvidaron es que esto sólo es el inicio del proceso. El final y lo más importante es el proceso de síntesis, es decir, de unir nuevamente lo que ha sido separado para su estudio.
Pero la modernidad se quedó en el análisis. Se estudia una cosa, luego otra por separado, luego otra más y una más. Al final, el estudiante sólo tiene muchos saberes, pero es incapaz de integrarlos. Se le enseña física a una hora, química a otra, sociología después y a veces arte. Pero es incapaz de integrar sus conocimientos, de ver cómo se relacionan unos con otro. Por supuesto, la mayoría de los profesores son también incapaces de hacerlo porque son víctimas del mismo sistema de enseñanza.
El pensamiento pedagógico Ilustrado
La Ilustración es el momento culminante del pensamiento moderno. La racionalidad instrumental (es que busca medios para conseguir fines sin importar si el fin es bueno o no) llega a su máxima expresión. Mientras el cristianismo procuró que la racionalidad coincidirá con los principios morales (sin importar en este momento si esos principios morales están en lo correcto o no), la racionalidad moderna e ilustrada se olvidó de esta necesidad y dejó a la racionalidad «pura», pues es falso afirmar que se luchaba contra la obscuridad de las épocas anteriores mediante la luz de la razón; como hemos visto, la luz de la razón ha iluminado la historia del pensamiento desde muchos siglos antes de la Ilustración. Lo que se peleaba aquí era el intento de colocar en el poder a otros distintos de quienes estaban y de reemplazar a una moral del bien común por una moral del individualismo.
Es durante este periodo llamado ilustración que el individualismo, tal como hoy lo conocemos y tal como nos afecta terriblemente hoy en día, se gesta. La racionalidad se pone al servicio del individuo, ayudándolo a conseguir lo que quiere sin importar nada más, al costo que sea. Es el pensamiento ilustrado el que da origen a los Estados Unidos de Norteamérica y a su modo de vida muy racional, pero inhumano, en el cual si hay que correr personas para obtener más ganancias, se lo hace, sin importar las personas concretas que se quedan sin trabajo.
Es falso creer que en tiempos de la Revolución Francesa se luchaba por derrocar a los tiranos en nombre de un gobierno más justo. Esto es falso, en realidad, para toda revolución. En realidad se trata simplemente, como en todo movimiento revolucionario, de darle el poder a un grupo que lo desea pero no tiene acceso a él y, por supuesto, es necesario deslegitimar el poder del régimen anterior para justificar la santidad y beneficio del régimen nuevo. En realidad se trata de quitar a un monarca para colocar a otro, de remover a un tirano para colocar a otro. Así han sido todas las revoluciones, sólo que los hijos de una revolución siempre nos creemos en estado de superioridad ante el régimen anterior y como aún somos hijos de la Revolución Francesa…
Durante este periodo se establece, quizá por primera vez en la historia, un sistema hegemónico de educación, que buscaba imponer el nuevo modelo de vida liberal a toda la población sin importar sus intereses propios. El surgimiento de los Estados Modernos implica, precisamente este fenómeno. Se empieza a tomar conciencia del papel político de la educación y, al igual que en otros periodos, se concibe a esta como el medio para reproducir el nuevo modelo de vida. La educación debe servir para adoctrinar a los niños y jóvenes para aceptar el modelo de vida impuesto por la nueva sensibilidad del mundo. Al igual que en la Edad Media que se utilizaba la razón para justificar la fe cristiana, durante la ilustración y hasta nuestros días se utiliza la racionalidad para justificar el modo de vida democrático, libertario, individualista y cientificista. Al igual que en la Edad Media en que la razón tenía que hacer coincidir las conclusiones con los dogmas de fe, a partir de la Ilustración (y hasta nuestros días) la racionalidad y la ciencia deben hacer coincidir las conclusiones con los dogmas del liberalismo, el individualismo y la razón instrumental cientificista. Si bien algo bueno hemos ganado en todo ello: en la Edad Media si el pensamiento se volvía demasiado peligroso se podía torturar o matar al autor, en la actualidad simplemente se le priva de recursos para sobrevivir: pierde becas, no encuentra trabajo, etc.
Es decir, no hay diferencia estructural de fondo entre la hegemonía cristiana de la Edad Media y la hegemonía cientificista ilustrada y contemporánea. Son lo mismo, exactamente. En la actualidad, por ejemplo, si las investigaciones de uno lo llevan honestamente y sistemáticamente a descubrir que la libertad no existe o que la democracia no es no sistema de vida aceptable o que la ciencia en realidad no es el modo más legítimo de validar el conocimiento, entonces deja de recibir recursos (becas) o pierde el empleo y es marginado, exiliado, de las comunidades de pensamiento. De ahí que en la actualidad vemos una gran cantidad de pensamiento reproductor, investigadores que simplemente dicen lo mismo que todos dicen porque así garantizan las becas.
Lo peor de todo, como veremos más adelante, es que este modo de pensar se torna estructuralmente idéntico en aquellos que pretenden «oponerse al sistema». Muchas, si no es que todas, las pedagogías emancipadoras, radicales, anti hegemónicas, etc., siguen siendo estructuralmente modernas: consideran como verdad absoluta el valor de lo popular, la igualdad de los seres humanos, la hegemonía del sistema, la unicidad del sistema, la predominancia del sistema económico, etc., y siguen postulando sus críticas como verdades universalmente válidas. Es decir, consideran que el sistema está equivocado pero creen que ellos tienen la verdad; una verdad que es válida para todos y en todo lugar, pero opuesta a la de sus adversarios. Esto es, simplemente, otro tipo de modernidad.
Buenas noches!!!
ResponderEliminarDe lo que se leyó para la sesión me interesé en lo que se comento de René Descartes y el racionalismo; por tanto, recordé algunos aspectos relacionados con este punto.
El racionalismo es una doctrina filosófica cuya base es la omnipotencia e independencia de la razón humana, el conocimiento se determina por la razón, la fuente de la razón tienen como principio y fin al pensamiento.
El objetivo de René Descartes era establecer un conocimiento seguro así como estable, y luchaba contra el escepticismo a través de proponer un método fundamentándose en 4 reglas:
1.No aceptar como cierto lo que no resulte evidente a la comprensión.
2.Analizar los problemas descomponiéndolos en sus elementos constitutivos.
3.Llegar a la síntesis partiendo de los elementos simples a los más complejos.
4.Proceder a enumerar y revisar los resultados de la investigación, a fin de no omitir nada.
Establece que debe ser sometido a duda todo conocimiento con el fin de encontrar una verdad de la que ya no pudiese dudar ni el más escéptico; lo anterior se puede relacionar con el proceso que se lleva a cabo en el área de la investigación.
Recordando una frase en relación al pensamiento de Descartes, Gaarder (1999) en su libro “El mundo de SOFÍA”, nos dice:
“… Si algo puede estar totalmente seguro a pesar de todo: de que duda. Pero si duda, también tiene que estar seguro que es un sujeto que piensa. O, como el mismo lo expreso “Pienso, luego existo”. pp. 289.
Es una frase que me impacta en el sentido que es complicado, desde mi punto de vista, de comprender ya que te hace reflexionar y profundizar en la idea de la existencia, el pensamiento, etc.
Saludos